Sábado 20 de Diciembre del 2014

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La rueda de la vida

El eje de la rueda
Cuando el Buda estaba sentado bajo el árbol bodhi vio dos cosas. Primero vio una gran rueda que abarcaba la existencia condicionada en su totalidad y contenía a todos los seres. Vio que ésta se encuentra girando constantemente, día y noche, vida tras vida, época tras época. En el eje de esta rueda observó tres criaturas: un gallo rojo que picotea golosamente la tierra, una serpiente verde con los ojos rojos brillando de ira y un cerdo negro que se revuelca en el lodo de manera inconsciente. Las tres criaturas forman un círculo y cada una está mordiéndole la cola a la figura que tiene enfrente.

Las acciones hábiles y las torpes
Alrededor del círculo del eje tenemos un segundo círculo un poco más grande, dividido en dos mitades, una blanca y otra negra. En ellos hay figuras de hombres y mujeres. Las de la mitad blanca están ascendiendo y sus expresiones reflejan gozo y alegría. Las figuras de la mitad negra están descendiendo, hundiéndose cada vez más. Sus expresiones son de angustia y terror.

Los seis reinos de la existencia
El siguiente círculo de la rueda es el más grande y se divide en seis segmentos. Cada uno representa un mundo entero. Es posible ver cada segmento como si fuera un estado mental o un plano de conciencia. Está el mundo de los dioses o devas, que disfrutan todo tipo de deleites. Para ellos la existencia es como un sueño placentero. Está también el mundo de los asuras, que viven en un estado de constante hostilidad y envidia, siempre peleando. Llevan armaduras y luchan por conseguir los frutos del árbol de los deseos. En el siguiente segmento tenemos a los pretas o espectros hambrientos. Tienen un estómago enorme, un cuello largo y delgado y una boca diminuta. Su hambre es atroz pero la comida que llega a su boca se convierte en fuego o inmundicia. En otro segmento encontramos a unos seres atormentados, algunos congelándose en el hielo y otros quemándose en el fuego. Otros más son decapitados, cortados a la mitad o devorados por monstruos.

En el siguiente segmento vemos diferentes animales: peces, insectos, pájaros, reptiles, mamíferos... algunos grandes y otros pequeños, unos pa­cíficos y otros predatorios. En el último segmento se encuentran los seres humanos, con sus casas y tierras, sus jardines y campos, algunos cultivando la tierra, unos vendiendo, otros comprando, unos cocinando y alguno meditando.

Son los segmentos de este círculo que conforman seis tipos diferentes de mundos o de estados mentales. Sus habitantes no permanecen en ellos por periodos indefinidos; aparecen en un mundo y luego reaparecen en otro.

La coproducción concatenada
Finalmente, el círculo de la periferia está dividido en doce segmentos. En ellos vemos escenas que representan el proceso por el que pasan los seres vivos de un mundo a otro o reaparecen en el mismo. En el sentido de las manecillas del reloj, las doce escenas son: I) Un ciego; 2) Un alfarero con su torno; 3) Un mono en un árbol; 4) Un bote con cuatro pasajeros y un guía; 5) Una casa vacía; 6) Un hombre y una mujer abrazados; 7) Una persona con una flecha clavada en el ojo; 8) Una mujer que ofrece una bebida a un hombre; 9) Alguien que corta una fruta de un árbol; 10) Una mujer embarazada; 11) Una mujer pariendo; 12) Un hombre que lleva un cadáver a la pira funeral.

El exterior de la rueda
Un monstruo horrendo sostiene la rueda con sus garras. Tiene tres ojos, largos colmillos y una corona de calaveras. Más allá, en el espacio de la derecha hay una figura vestida con un hábito amarillo y señalando con el dedo hacia el extremo izquierdo, donde se percibe un sendero que serpentea a través de campos cultivados, densos bosques, pantanos, desiertos, ríos y barrancos, rodea las montañas y desaparece en el horizonte. Entonces el sendero parece enderezarse y ascender, uniendo a la tierra con el cielo. Es una escalera de oro, plata y cristal, que se va haciendo más estrecha y se convierte en el tronco de un árbol gigantesco, cuyas flores en la parte más baja son relativamente pequeñas, pero las de arriba son mucho más grandes. En la punta del árbol está la flor más grande de todas. En el cáliz de todas estas flores se ven sentados los budas, los bodhisatvas, los arahats, los dakas y las dakinis.

Fuente: El Budismo: La enseñanza y su práctica, Sangarákshita

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